.Corazón Roto.

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.Corazón Roto.

Mensaje por Rhyuk el Mar Sep 18, 2012 9:13 am

¡Hola a todos otra vez! Como veo esto un poco paradito, voy a poner yo otro texto, a ver que os parece. Es algo triste, lo escribi hace unos cuantos meses, al finalizar una relacion, pero a pesar de todo creo que me quedo (mas o menos) bonito, y hasta con cierta moraleja. Lo titulé Corazon Roto, no es muy imaginativo, lo se, pero se ajusta muy bien al texto xDDD Ahi va:

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Me desperté con el tacto de una gota cayendo sobre mis manos. Me costó abrir los ojos, mientras sentía que estaba de rodillas sobre una superficie dura. Apenas empecé a recordar lo que había ocurrido, y ya me arrepentí de haberme despertado.

Más gotas cayeron en mis manos. Bajé la mirada, y comprendí que eran mis lágrimas aquello que había sentido.
Estaba llorando, yo, el impasible. Y ni siquiera me había dado cuenta.
Miré a mi alrededor, para saber donde estaba. Pero nada vi, pues nada me rodeaba. Solo oscuridad y vacio. Sentí miedo. Y soledad. Muchísima soledad.
Aún sentía el cálido recorrido de las lágrimas sobre mis mejillas cuando me di cuenta de lo que tenía delante.

“Oh Dios mío…” Pensé.

En el suelo, aún sangrante y hecho girones, estaba mi corazón. Que aspecto tan lamentable. Qué imagen más triste y deplorable.
Estaba completamente hecho añicos, rasgado como un papel.

- Pobre Corazón Roto- murmuré en voz baja -Te prometí que no volvería a dejar que te hicieran esto. Y mírate ahora.


Cada girón, cada trozo, cada fibra de mi corazón estaba mustia, gris, marchita. Era imposible que hubiera sobrevivido. Me invadió una pena inmensa, y lloré amargamente ante la imagen de mi corazón muerto. Y así empecé a sentirme yo, muerto, vacío, marchito.

- Quizá sea mejor así. – Dije- Quizá este sea el final y todo acabe ya de una vez.

Pero a pesar de mis palabras, me limpié las lágrimas de la cara, y recogí el primer trozo de mi Corazón. Estaba duro y frio. Pobre Corazón Roto. Tomé el segundo trozo, y los uní.
Me sorprendió ver que se unían formando un fragmento más grande. La unión era imperfecta, como todas las veces anteriores, y por ella quedaba una fina cicatriz que jamás se borraría. Sin esperanza, pero sin nada mejor que hacer, fui recogiendo poco a poco todos los pedazos de mi Corazón, y los fui uniendo, sumido en mi dolor y en mi pesar.

Al final, reconstruí mi Corazón, y descubrí que aún faltaban pedazos por colocar, pero ya no había ninguno por el suelo que pudiera recoger. Así tendría que quedarse, pues, incompleto.
Lo sostuve entre mis manos, y volví a llorar, desconsolado. Era una piedra. Era una piedra gris y pesada en mis manos. Muerta, incompleta, inútil.

Me resigné al fin. Ese era el último golpe que había recibido mi Corazón Roto, y no lo había soportado. No le culpaba, no entendía como había aguantado tanto. Ahora solo me quedaba marchitarme con él. Volverme una piedra fría y gris. Impasible y muerta.

Bum. Sentí un pálpito en mis manos, débil, tímido. Me sobresalté. Era imposible. Bajé la mirada y contemplé mi Corazón. Estaba quieto, callado.
Cuando empecé a pensar que había sido mi imaginación, sentí como palpitaba una vez más. Con mayor decisión. BUM.

- No puede ser. Estás muerto. Estabas muerto y roto. Los dos estábamos muertos

El Corazón Roto reacciono ante mis palabras, y palpitó con más fuerza, como queriendo contradecirme. BUM BUM. Seguía vivo. BUM BUM. Aún le quedaban fuerzas.BUM BUM.

-Oh, mi pobre Corazón – Le dije, y lo acuné en mis brazos como a un bebé- Lo siento tanto…

Y volví a llorar sin vergüenza sobre mi Corazón, y al hacerlo, vi como mis lágrimas lo limpiaban de la suciedad del suelo y allí donde caían lo convertían de la piedra a la carne. Entonces comprendí que al llorar, limpiaba mi Corazón y aligeraba su peso.
Así pues, lloré. Lloré hasta que mi corazón fue de carne otra vez, y entonces latió con mucha fuerza. BUM BUM. Estaba dolorido y maltrecho, pero seguía con voluntad de vivir.
- ¿Por qué te empeñas en seguir latiendo, Corazón? ¿Qué sentido tendrá ya?- Le pregunté.- Quizá habría sido mejor no reconstruirte y dejar que ambos nos marchitáramos y nos llevara el olvido.
- ¡Nunca! –Me respondió mi Corazón con firmeza. – No estoy preparado para dejar de latir.

Eso me enfadó. Corazón caprichoso, él se empeñaba en latir mientras yo sufría y me lamentaba.


- Mírate – Le dije- Estas Roto, te faltan trozos de ti. Estás dañado y cubierto de cicatrices. Ya no tienes remedio. Eres un Corazón Roto y ya no me sirves. Ya no te entregaré a nadie nunca más.
- No te creo – Contestó, terco.- Los trozos que me faltan se los quedaron aquellas personas que amamos y perdimos. Ellas se quedaron con aquello que me falta. Y me da igual lo que tú decidas, pues yo soy libre de entregarme a quien yo quiera. No eres capaz de controlar a quien amas. Simplemente sucede y ya está. Volverá a ocurrir, y quizá volveré a romperme. Pero no me importa. Valdrá la pena.

Aquello me enfadó más aún.


- ¿¡Valdrá la pena!? ¿Vale la pena este pesar, esta tortura? ¡Mira donde estamos, necio! – Abrí los brazos abarcando la oscuridad que nos rodeaba- ¡Todo es negro! ¡Todo es vacio y dolor! ¿Esto vale la pena? ¡Maldito seas! Ojala no estuvieras conmigo. Debería haberte dejado hecho pedazos.
- Valdrá la pena –Se reafirmó– Lo que pasa es que tú aun no lo sabes, pero yo sí.
- Tú y yo somos uno –le contradije – ¿Cómo vas a saber tú algo que yo no sé?
- Porque aunque estoy roto y maltrecho, sigo siendo un Corazón, y los corazones sabemos cosas que la razón no alcanza a ver.

No entendí su respuesta y me frustré.


- Maldito seas. ¡Deja de latir! No quiero pasar por esto otra vez. Este tormento no vale la pena. Deja de latir y deja que a ambos nos envuelva el frio y el olvido. Deja que me apague como una vela y deje de sufrir.
- No. Ella vendrá. Y se acabará el dolor y el frio. Se acabará el pesar y la soledad y yo latiré junto a un corazón que nos ame. –Dijo.
- ¿De quién hablas? ¿Quién es ella? – Le pregunté.
- ¿Cuántas veces me han roto? –Me dijo, contestándome con otra pregunta. – Dime ¿Cuántas?

Me quedé callado. Pensar en eso en esos momentos era peor de lo que podía imaginar. Recuerdos hirientes asaltaron mi mente, y vi como mi Corazón Roto también sufría, pero aguantó con valor.


- Muchas, ya lo sabes. Más de las que creo que me merezco. Más de las que me gustaría recordar.
- Cada uno de esos golpes son pasos que nos acercan a Ella. Sé que cuando me entregaste a otras personas, pensabas que eran Ella, pero no lo eran. Si ya no están aquí, era porque no estabas destinado a ellas. Ellas compartirán su Corazón con otra persona, pero no contigo. Aún no la has conocido.
- ¡Ella! ¡Ella! ¡Imbécil! – Grité con furia. Me desquiciaba tener un corazón tan inocente, tan esperanzado pese a todos los golpes sufridos. Corazón necio que jamás se rinde. No importa cuántas veces lo destrocen, el sigue luchando y yo no entiendo por qué- ¡Ella no existe, ¿vale?! ¡Deja de darme esperanzas que no se cumplirán, maldito seas! ¡Solo me condenas a este eterno dolor!

Me entregué al dolor y a la ira. Ira contra una vida de golpes inmerecidos.

- ¡Te maldigo, Corazón! ¡Por condenarme al desamor y a la desdicha! ¡Maldito seas tú, y maldito sea todo aquello que amé una vez! ¡Pues entre todos me habéis hecho sufrir sin merecer nada de esto! ¡Ella jamás aparecerá, y tú me condenarás a una vida de soledad y sufrimiento!

Caí de nuevo al suelo y lloré con furia. Sentía arder el dolor en mis entrañas.


- Ella vendrá, y nuestro amor será tan puro que traspasará las barreras del tiempo. Y te lo puedo demostrar. –Me contestó con paciencia.
- No te creo – Le dije, aun llorando.
- Ella llegará y nuestro amor será tan grande, que incluso ahora puedes sentirlo si te quedas muy callado y cierras los ojos.
Dejé de llorar y lo miré. Aquello no tenía sentido.

- Confía en tu Corazón Roto. –Me dijo.


Y lo hice. No pude evitarlo, ni quise hacerlo. Cerré los ojos y me quedé callado, sumido en mi dolor. En aquella negrura que cubría mi alma.

Y entonces, lo sentí. La calidez de un abrazo. Me concentré en esa sensación, y entonces la vi a Ella. No vi su cara, ni su forma, ni su pelo. Pero la vi. Junto a mí. Por el momento solo era una sombra, pero me abrazaba con ternura y sus palabras me llenaban de paz. Ella había aceptado mi Corazón Roto y lo había curado. Aun conservaba sus cicatrices, pero ya no se sentía Roto y era feliz, latiendo al unísono con el corazón de Ella.

La imagen desapareció y yo volví a mi oscuridad y vacio. Entonces me dijo:

- Ella llegará. Te lo prometo. Quizá tarde, quizá pronto. Quizá aún tengas que reconstruirme unas cuantas veces más. Pero valdrá la pena, porque al final dejaré de estar Roto. Ten paciencia y no tengas prisa. Disfruta de aquellos que nos rodean y nos quieren. De aquellos que nos ayudan regalándonos pequeños trozos de sus propios corazones.


Me seguía sintiendo triste. Y mi Corazón seguía Roto. Pero, una vez más, me levanté del suelo y cogí mi Corazón con las manos. Lo introduje en el agujero que había en mi pecho y sentí que su estúpida y absurda esperanza empezaba a llenarme.

- Está bien. Está bien. Yo… seguiré adelante. Quizá… quizá algún día todo esto haya merecido la pena.

Y en la oscuridad, lejos, muy lejos, se abrió una puerta por la que entraba la luz. Desde donde yo estaba, solo era un diminuto punto luminoso. Pero aun así, comprendí que era el único camino que podía tomar.

Asique posé mi mano en mi pecho, y noté los potentes latidos de un Corazón Roto que pese a todas las palizas, sigue sin rendirse, y empecé el camino para salir de aquella oscuridad que me rodeaba.


Rhyuk

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